24 sept 2013

En extremo

Solía cautivar manos rápidas la herramienta única de los procesos veloces. Manteniéndolos hacinados por números, que sus meros reflejos evocan la eternidad, funciona con exactitud.
Cada parte de la planimetría exánime de restos de productos, hace de cada parte de los empleos una fugitiva visión con destinos irreparables; y nauseabundas carótidas definen la maquinaria con movimientos para otras herramientas utópicos. Y, mientras, mientras se unen los cables y mientras se desatinan orificios donde incorporar funcionamientos, infinitud de productos hace esta máquina sin otro desperdicio que las malformaciones de la materia prima.
Su peso, su gravidez, aflora donde quejadumbres explotando imploran un vuelo sobre la horizontalidad de los perímetros; y su fauna, y su flora, aquel entorno donde hospedarse, se nutre de rarezas entre contornos marchitos que océanos de metálicas resonancias, desnutren.
Pero la máquina no rehúsa elaborar más y más, mayores consecuciones donde consecuencias consecutivas adivinen un mérito divino, no; aquel eslabón de herramientas eternas, aquella robustez impensada que no ha procedido a finalizar, sigue, continúa. Y a través de su posibilidad de término, las inverosímiles conjeturas por un final se deshacen.
Solía cautivar soluciones rápidas, aquella máquina, que, junto a su producción, atraviesa con infinitudes un límite impuesto para reasignarle objetivos. La maquinaria supera eternidades con la sola búsqueda de más propósitos, y las definiciones se desaliñan ante la temeridad de productos superadores.

16 sept 2013

Agresividad

Pendientes oscuras comparten los temblores producidos.
Combatía quien se profesaba combatiéndose en mares de silentes ambigüedades. Lo hacía declarándose pariendo hacia la mácula de la destrucción; cuando se iba, cuando venía, cuando tuerto disparaba mojigaterías ante mares de colosos. Y cambiaban las tenues caricias por golpes en las discordiosas fallas de estímulos azarosos.
Compartía la serenitud quien veía el preámbulo de fauces con martillos rasgando los últimos clavos sobre alas entablilladas hasta descomponerse.
Esa marisma, esa quietud de ángeles caía; pero también decaía el destello de los vertebrados aguerridos.
Dejarán ánimos locuestres quienes estimarán quien solo dijese ser parte y no forma de una benéfica traición. Declarará conformarse entre ambientes dignatarios de enjambrosas locuciones quien vendrá volando entre rieles de trenes con pétalos del sabor anaranjado. Solamente vos cambiarás su marcha reteniéndote agresividad en auge, pero solo vos cambiarás al marchante insulto por prevaricaciones de un proclamático despertar ante la sencillez de los escombros.
Y esas pendientes escalarán su último arribo desproporcionándose melosas con voz sin grito pudiente.